¿Priorizamos el precio o el valor?

El próximo 1 de junio se cumplen 41 años del inicio del “servicio de mantenimiento de electromedicina generalista” realizado por empresas tal y como hoy lo conocemos, pero cómo hemos llegado hasta aquí según mi trayectoria y experiencia desde ese día, lo expongo a continuación.

El producto fue creado a comienzos de los años 80 como contrato de horas/técnico, es decir por cada hora trabajada (independientemente de si era realmente producto o no) se facturaba un importe acordado.

El objeto del contrato era mantener en buena forma los equipos médicos y apoyo al personal sanitario en su devenir diario con estos equipos.

Los fabricantes y distribuidores se opusieron entonces a todo tipo de colaboración fuera, venta de repuestos, gestión de los equipos médicos o formación de los técnicos. Los Centros Sanitarios les hicieron ver que los equipos no eran de su propiedad y debían colaborar con estos nuevos servicios que vivían, por y para el Hospital.

Fueron años de estudio y desarrollo en los fundamentos técnicos de diversas familias de equipos, de acuñar nombres como “mantenimiento técnico-legal” y de entender y descubrir en qué se basa este nuevo servicio.

“Numerando con un índice del 1 al 10 el nivel de reparación de un equipo, siendo el 1 el más bajo, comprobé que el mayor gasto se producía dentro de los 6 primeros niveles, y que técnicamente podían asumirse estas reparaciones por personal con cualificación de Formación Profesional e Ingeniería”.

La suma

  • Del ahorro generado.
  • La rapidez de respuesta obtenida.
  • La gestión del equipamiento.
  • El compromiso y ganas de involucrarse que los técnicos aportaban.

Convirtió el inicial contrato “horas/técnico” en “contrato del servicio de electromedicina”.

Se tardó poco, mediados de los 90 en acuñar un nuevo modelo de contrato, “mantenimiento integral de equipos electromédicos”, otro gran hito:

  • Los importes de licitación aumentaron a seis cifras año aumentando el efecto llamada.
  • Los contratos de mantenimiento preventivo entre marca y centro sanitario cambiaron y pasaron a firmarse entre marca y empresa generalista.
  • Los materiales empezaron a ser suministrados por éstas.

Se conoció y se dio valor y significado a las palabras: “fungible”, “material de un equipo”, “mal uso”, “kit preventivo”…

Y si el Centro ya obtenía un ahorro importante, con esta nueva modalidad el ahorro era mayor.

Es en esta etapa cuando las grandes corporaciones desembarcan en este mercado, unas buscando proteger su mercado de mantenimiento, y otras valor añadido a su negocio principal.

Es entonces, después de acumular varios años de experiencia y con un firme compromiso hacia la creación y el desarrollo de este sector, en 1996, junto a Dolores Garijo, decidimos constituir

Con la entrada en el mercado de más licitadores, la falta de conocimiento de este “servicio integral” de los actores principales de este negocio y la presión al personal técnico que lo realizaba, comenzó a no ser tan efectivo y rentable (estamos a mediados de la primera década del año 2.000).

No tan efectivo, porque para alcanzar el nivel 6 de reparación antes indicado en el fundamento del servicio, bastaba con un técnico especialista o un equipo de técnicos, pero para alcanzar el nivel 9 requerido por este nuevo contrato hace falta “algo más”.

No tan rentable, porque la apertura del mercado y el desconocimiento del objeto de un servicio “mantenimiento integral de equipos electromédicos”, transformó la actuación de las empresas involucradas en este sector, provocando actuaciones irresponsables que a largo plazo deterioran el servicio y provocan auténticos quebraderos de cabeza a sus gestores.

La empresa para prestar este servicio también tuvo que adaptarse, transformado su organización del “trabajador manual al trabajador del conocimiento”

En décadas sucesivas se han acuñado diferentes nombres para realizar este “servicio integral” dependiendo de su alcance geográfico (comunidad autónoma, provincia o centro sanitario) o del objeto del servicio.

Los resultados de este nuevo servicio están para que cada uno lo evalué y aplique a su ámbito de responsabilidad, pero comparto con vosotros mi opinión,

“veo arriesgado poner todo el equipamiento electromédico en manos de una única empresa sin resolver los inconvenientes que he citado y que ocasionan este tipo de mantenimientos”.

En el siglo XXI, las demandas son aún mayores. La situación económica, nos exige, alargar la vida útil de los equipos, ampliar nuestros conocimientos en estudio del “dato” y aplicar IA, no solo para optimizar el rendimiento y mantenimiento de los equipos, sino también para mejorar la eficiencia y reducir costes operativos.

Hoy, en la segunda década del siglo XXI, el mercado sigue evolucionando, y tras la pandemia de COVID-19, que alteró radicalmente las condiciones económicas y sociales, muchas empresas han encontrado en el «servicio de electromedicina generalista» una oportunidad frente a la falta de rentabilidad de otros servicios intensivos en mano de obra (la historia se repite conforme mediados de los 90).

El éxito de un “servicio de gestión y seguridad integral de los equipos electromedicos” se fundamenta en conocer nuestro talento y experiencia ponerlo al servicio de los demás, de ahí arranca nuestro negocio, con profesionales que comparten nuestra visión, valores e inversión en mejora de tareas y procesos.

Ante este panorama, nos enfrentamos a una elección: ¿priorizamos el precio o el valor?

  • Jose Angel

    Rodriguez Arregui

    CEO Agenor Mantenimientos, S.A