Conocemos un poco mejor a Guillermo Arazo y su día a día, uno de los profesionales con 23 años de trayectoria en Agenor. Asegurar el funcionamiento de equipos críticos en entornos hospitalarios es su especialidad. Su experiencia refleja la esencia del trabajo técnico bien hecho: conocimiento, compromiso y empatía. Porque en mantenimiento hospitalario, cada segundo importa, y detrás de cada equipo operativo, hay una cadena de profesionales velando por la seguridad del paciente.

¿Cómo describirías tu trabajo en una frase y qué es lo que más te gusta?
Mi trabajo no se puede resumir en una sola frase, porque cada tarea que realizo tiene su propio valor y sentido.
Primero, ayudo a mis compañeros cada vez que tienen un equipo averiado. No es solo soporte técnico, es estar ahí cuando alguien lo necesita.
También busco soluciones, a veces fuera de lo habitual: ya sea una reparación externa o encontrar el material adecuado para que todo funcione correctamente.
Reparo los equipos de mi hospital, y eso me conecta con algo muy importante: saber que, aunque no esté en contacto directo con los pacientes, mi trabajo ayuda en su bienestar.
Además, filtro las solicitudes para poder ahorrar costes.
Y uno de los aspectos que más valoro, es poder formar a nuevos técnicos y compartir lo que sé.
¿Cuál es el mayor reto que afrontas en tu día a día y cómo lo abordas?
El mayor reto de mi trabajo no está en las reparaciones ni en lo técnico, sino en el trato con las personas: desde los clientes hasta mis propios compañeros. Cada uno tiene sus necesidades, su ritmo, su forma de ver las cosas.
Lo abordo con mucha paciencia, con comprensión y, sobre todo, con empatía.
¿Qué significa para ti trabajar en una empresa como Agenor, cómo ves su evolución?
Llevo ya 23 años en Agenor, y para mí no es solo un trabajo, es parte de mi vida. Esta empresa me ha dado la oportunidad de estar cerca de casa, de formar parte de un entorno familiar donde, durante muchos años, nos conocíamos todos. Ese espíritu cercano es una de las cosas que más valoro.
He visto cómo todo ha cambiado con el tiempo: cuando empecé éramos apenas una veintena de personas y trabajábamos enviando faxes… Hoy somos casi 300, con nuestro propio sistema informático y una estructura mucho más compleja. La evolución ha sido impresionante, con sus retos, claro —crecer tan rápido implica reorganizar, estructurar, adaptarse—, pero siempre con el objetivo de mejorar.
Cuéntanos alguna anécdota divertida relacionada con tu labor
23 años dan para muchas anécdotas, divertidas… Me quedo con los buenos momentos compartidos con los compañeros por toda España.

¿Qué tipo de intervenciones son las más críticas y cómo te preparas para actuar con eficacia y seguridad?
Las intervenciones más críticas, sin duda, son aquellas que afectan directamente al funcionamiento de equipos esenciales para el cuidado de los pacientes. Cuando un equipo vital falla (en el quirófano, UCI o urgencia) sabes que cada minuto cuenta, y que tu trabajo puede marcar la diferencia.
En esos momentos, la preparación no es solo técnica, es también emocional.
¿Cómo priorizas tu trabajo cuando te enfrentas a una incidencia urgente en un entorno hospitalario?
Cuando salta una urgencia, no lo dudas: dejas todo lo que estás haciendo y sales directo hacia allí. En ese momento, se ve si la urgencia es real y si hay que paralizar el resto de las labores. Lo más importante es estar, responder, dar una solución lo antes posible.
¿Qué tecnologías o protocolos han cambiado más tu forma de trabajar en los últimos años?
Desde que usamos la nueva intranet, todo ha cambiado para mejor. Poder tener a la vista todas las solicitudes en las que estoy implicado me da una sensación de control y orden que antes era más difícil de lograr.





